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La situación extrema que está alcanzando la sociedad española puede propiciar respuestas violentas hacia los posibles causantes de esta precaria situación.

'Exitoso' tweet de @moedetriana

‘Exitoso’ tweet de @moedetriana

La sociedad española parece resquebrajarse ante la pérdida del Estado del Bienestar y los derechos sociales que lo conforman en favor de una afortunada y poderosa minoría. Las diferencias entre ricos y pobres se agigantan en este comienzo de siglo, como señalaba Stéphane Hessel en su Indignaos, y los índices de pobreza suben alarmantemente. La gente pierde sus casas en traumáticos desahucios y los comedores sociales se ven desbordados al sumarse a los mendigos multitud de familias incapaces de afrontar los gastos de la cotidianidad.

En medio de esta vorágine, entre las masas apaciguadas, muchos individuos contemplan esa pérdida de poder del pueblo llano en virtud de políticos, nobles familias y grandes empresarios. Y se enfadan. Se irritan ante la incomprensión de cómo puede pasar todo esto. Y ante la avaricia que impera en la sociedad, que hace que quienes más tienen no puedan renunciar a nada, y es más, exijan tener a su disposición los bienes de quienes menos tienen. Además de obtener su trabajo a un precio mísero, y con eterna gratitud. Además, para colmar el vaso cae la gota de la corrupción, mal que parece hacerse endémico en este sistema, aderezado por la incapacidad de la justicia española para ponerle fin. Y esta imagen, reflejada en las mentes de esos “indignados” (sin referirme ni mucho menos a los manifestantes del 15-M ni similares) puede tener consecuencias catastróficas.

Por suerte, la calma sigue reinando en el territorio nacional (podemos considerar como “calma” las manifestaciones pacíficas), pero si se exprime a las personas, no sería de extrañar que un día los nervios se desbordaran. Un día en que alguno de esos individuos asediados por el sistema no se resigne a ejercer sus deberes, ni siquiera que se lance desde su balcón ni que lleve a cabo una pacífica acción de desobediencia civil. Un día en que una de esas personas dirija su ira y frustración hacia quien ellos ven como causantes de su situación. Un día triste y funesto, para el lamento de todos.

Porque empujar a la gente contra la lona, y seguirla golpeando una y otra vez es una forma de apología del terrorismo, al generar esa violencia estructural que muchos pueden querer devolver. Porque atar una soga al cuello de las multitudes y no dejarles un resquicio para respirar les obliga a buscar “soluciones” de manera rápida y sin un uso adecuado de la razón. Porque al arrinconar a un animal, se le conduce a un ataque desesperado e incontrolado, que suele tener las peores consecuencias. Y porque privar al ciudadano de la sensación de justicia, le pone ante los ojos la tentación de hacer su propia justicia.

Esperemos que ese día no llegue nunca.

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