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La frase que ilustra el papel del estado en el liberalismo económico no se aplica tanto en el terreno social.

Imagen de Wikipedia

Adam Smith

Adam Smith, padre del liberalismo económico, popularizó la frase francesa laissez faire, laissez passer (“dejar hacer, dejar pasar”), que describe a la perfección el papel del estado en este modelo financiero. Esta corriente que defiende la no intervención del estado en la economía en favor de la autorregulación del mercado ha ganado fuerza en el mundo occidental desde los años en que el thatcherismo, de la mano de Reagan en Estados Unidos, comenzaran a frenar la evolución de Reino Unido hacia un sistema de cobertura social como es el Estado del Bienestar.

Sus teorías se han ido extendiendo a lo largo de Europa desde entonces. Hoy en día, el enunciado de Vincent de Gournay gana fuerza entre privatizaciones y “austeridad” de un decreciente ente público, cediendo el control sobre el rumbo de la sociedad al mercado y su poderosa ley de la oferta y la demanda.

Sin embargo, al menos en España, la lógica de los partidos que defienden estas perspectivas económicas caen en la contradicción cuando se salta al terreno de lo social. En ese ámbito, el papel del estado parece ser mantener controlado al individuo y no dejarle hacer todo cuanto se le antoje.

Mientras que los conservadores españoles ponen el grito en el cielo cuando se aprueban impuestos a las rentas altas o se crean y mantienen empresas públicas a pesar de ser “ineficientes”, en materias como la interrupción voluntaria del embarazo, el papel de la religión en las aulas o la lengua (de entre las oficiales en una nación) que debe hablarse en la administración (y sobre todo, en la educación) defienden una postura férrea del estado. Lejos queda la capacidad de libre elección y albedrío del individuo en estos temas, ya que según la lógica de este colectivo debe imponerse desde el Gobierno una manera de actuar única, de acuerdo con “la moral que debe reinar en el país”.

Y este contrasentido no parece preocuparles. Lejos de ello, defienden ambas posturas enérgicamente, y sin que afecte a su credibilidad (aunque si no le afecta el alto nivel de corrupción, cómo lo va a hacer un detalle como este). Y convivimos con la contradicción de que en distintos terrenos se apliquen políticas tan opuestas, y sin problema.

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