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Los hindúes colonizados sufrieron la contrapartida de la deslocalización del trabajo, como miles de personas que actualmente pierden su trabajo.

Hace un tiempo vi por enésima vez la película Gandhi. La historia seguro que la conocen todos a la perfección de tantas veces que la han repetido en televisión, pero nunca es una mala opción. Es más, según la veía me fue interesando más y más por los paralelismos del conflicto entre hindúes y británicos con la crisis que domina hoy nuestras vidas.

Aunque para muchos resultará descabellada la comparación, dada la gran diferencia cultural y de nivel de vida entre la India de la primera mitad del siglo XX con la España actual. Sin embargo, muchos de los conceptos, sobre todo económicos y políticos, son similares. Y entre ellos destaca uno, que si bien atenazaba a la población hindú de la época, más fuerte golpea hoy a la sociedad española: el impacto económico de las importaciones y la deslocalización del trabajo.

En esta película se puede ver que una de las razones por las que la India se levantó contra la potencia colonizadora fue el empeoramiento de su calidad de vida y el creciente paro ya que desde la ocupación la manufactura de productos como la ropa con sus materias primas se llevaban a cabo en Gran Bretaña, dejando a la población local la faceta única de recolectores y consumidores -y tras aplicar a las materias el porcentaje de beneficios por la producción de los bienes elaborados, las cuentas no salían a la población india-. Este sistema empobreció paulatinamente a los hindúes hasta que Gandhi promovió la vuelta a los modelos productivos tradicionales y el boicot a la ropa elaborada en la metrópolis, lo que volvía a dar control a la población sobre sus materias primas y su economía.

Ya entonces, con el rudimentario modelo de globalización que suponía la colonización, se podía apreciar el impacto económico de la deslocalización, a pesar de que este caso es muy diferente del actual dado que las materias primas se trabajaban en lugares con mayores derechos laborales (aunque tampoco muchos). Entonces, ¿cómo podemos mantener un nivel de vida adecuado hoy en día si la producción de nuestro país es sustituida por la de otros más rentables para los inversores como China o Bangladesh?

La revolución india que promovió Gandhi no se sustentó solo en actos de resistencia pacífica y desobediencia civil meramente políticos. También se caracterizó por defender un modelo económico que permitiera a los hindúes recuperar el control sobre su destino. Y lo mismo se debe promover actualmente si se quiere revertir la situación actual.

Podemos reivindicar muchos avances y derechos sociales, pero mientras los productos se elaboren a manos de trabajadores mal pagados y sin derechos sociales, y los ciudadanos y consumidores les demos el visto bueno adquiriendo esos productos, poco habrá que hacer. Porque lo que mueve este sistema no son las protestas ni las personas, sino el dinero. Y lo que cada uno haga con su dinero es lo que más puede afectar al sistema.

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