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Una rápida descripción del efecto que tienen en las elecciones europeas la abstención, el voto en blanco y el voto nulo.

El descontento con los partidos políticos actuales y sus alternativas ha hecho que muchos españoles pierdan su confianza en el sistema democrático establecido, o al menos en el sistema electoral. Esto lleva a multitud de personas a manifestar ese descontento tomando las opciones denominadas asiduamente como “de castigo”, que son la abstención, el voto en blanco y el voto nulo.

Sin embargo, es corriente ver que gran parte de la población no tiene claro el efecto de estas acciones. Aquí tienen una breve explicación de lo que supone acometer cada una de ellas.

Abstención

No ir a votar es entendido como un desinterés en la política, por lo que ningún sistema electoral que permita dejar de ir a votar -hay países como Bélgica o Grecia donde es obligatorio- reconoce validez alguna a este dato. La abstención puede interpretarse como una no participación en el sistema actual por convicciones propias, pero también puede estar ocasionada por la desidia.

En definitiva, la abstención no cuenta más allá del propio dato, y ni siquiera se sabe nunca hasta qué punto es representativo. Señala un desinterés en la política, pero siempre es objeto de especulación hasta qué punto proviene de las acciones del sistema o de la desgana de los individuos. Por tanto, la abstención no afecta a los resultados electorales ni potencian cambio alguno.

Voto en blanco

El voto en blanco consiste en entregar el sobre electoral vacío, sin ninguna papeleta. Se entiende que al ejecutar esta opción, el votante está expresando que está de acuerdo con el sistema electoral vigente, aunque no apoya a ningún partido concreto. Por tanto, este tipo de acción no es una protesta contra el sistema, sino contra los partidos existentes.

Sin embargo, el voto en blanco sí tiene un efecto, aunque probablemente no es el que muchos de los que
escogen esta opción desearían. La Ley D`Hont, por la cual se rige el sistema electoral español, exige a los partidos sobrepasar un porcentaje mínimo de los votos totales de la circunscripción para entrar en el recuento para distribuir los escaños -por lo general está entre el 3 y el 6 por ciento, según las elecciones-. Las candidaturas que no llegan a ese coeficiente quedan descartadas aunque tengan un número de votos que les permitiera disponer de algún escaño. Y para el cálculo de ese coeficiente sí cuenta el voto en blanco.

A modo de resumen, el efecto que tiene este tipo de votación es el de subir el número de votos totales que debe obtener una formación para acceder a la distribución de los escaños, por lo que perjudica a los minoritarios, que tienen más difícil llegar a ese mínimo. Si la cantidad de votos en blanco es muy alta, el listón que todos deben pasar se sube, aumentando la posibilidad de dejar fuera a partidos pequeños que pueden llegar a contar con algún puesto en la cámara representativa en cuestión.

Voto nulo

El voto nulo consiste en entregar el sobre con un contenidoque invalide la votación, como puede ser una papeleta rota o en la que se haya escrito. Este tipo de voto no tiene un efecto directo sobre el resultado de las elecciones, pero sí es un parámetro que mide el descontento con el sistema vigente y la legitimidad de los resultados de la votación. No tiene valor más allá del dato y la estadística, pero sí es una muestra fidedigna de disensión con el sistema actual al tiempo que no favorece ni perjudica a ninguno de los partidos participantes en las elecciones.

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