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Análisis de las principales causas que han hecho que Juan Carlos I abdique en favor de su hijo, y posibles consecuencias.

Por si alguien no se ha enterado aún, lo cual es complicado, el Rey Juan Carlos I ha dejado el trono. El monarca -o sus asesores, como cada uno estime conveniente- ha considerado que ha llegado el momento de dar un paso atrás y dejar paso a su hijo Felipe, que lleva ya tiempo con el intermitente puesto para realizar este adelantamiento.

Sorpresas aparte, la abdicación era desde hace tiempo una realidad que sobrevolaba las informaciones de la Zarzuela. La opinión pública veía cada vez con peores ojos a un soberano anciano mientras que su hijo, el cual nunca gozó de especiales simpatías -especialmente por los sectores republicanos que se habían postrado ante su padre por su papel en la Transición-, subía en popularidad.

Sin embargo, esta posibilidad ya no parecía que fuera a llegar, lo que explica que tantos se hayan llevado las manos a la cabeza al enterarse. A continuación, encontrarán un análisis de algunas de las causas que probablemente hayan llevado a la Casa Real a tomar esta decisión:

El estado físico y mental del Rey

No cabe duda que la principal razón que ha llevado a la abdicación de Juan Carlos I son sus achaques. Especialmente en el plano físico, donde sus operaciones constantes han ocupado gran parte del panorama mediático de la Casa Real. Para la memoria de todos quedará su “voy a pasar por el taller”, y para la de los pocos privilegiados que la conozcan, la factura que haya dejado al herario público estas intervenciones.

Infografía de La Voz de Galicia sobre las operaciones del Rey.

Pero además, en sus últimas intervenciones el monarca ha dado también signos de poder estar al borde de su salud mental. Prueba de ellos fueron sus dificultades a la hora de leer el discurso de la última Pascua Militar.

Los escándalos

Desde hace unos años, la Casa Real se ha visto salpicada por multitud de escándalos. El caso Nóos ha sido el más grave de ellos, y no ha caído tan lejos al monarca, que probablemente -por no decir seguramente- tenía conocimiento de las actividades de su yerno.

Pero este caso no es el que más de cerca ha afectado a Juan Carlos I, ya que sí se ha visto involucrado en algunos, aunque no tan graves como la trama de malversación de fondos anteriormente citada. Su viaje de caza a Botswana y sus escarceos con la famosa Corinna han sido los más famosos, que han hecho caer en picado su reputación.

En esta serie de escándalos, prácticamente toda la Casa Real se ha visto salpicada por unos u otros. Sin embargo, hay una figura que ha salido indemne: el príncipe Felipe, heredero del trono que ahora se hará cargo de las funciones que hasta ahora ejecutaba su padre -en las que ya era un sustituto asiduo-. Lo que conduce al siguiente punto.

La reputación de su heredero

Mientras la fé de los españoles en Juan Carlos I caía en picado, el escepticismo en torno a su sucesor se diluía. Además de ser el único que no se ha visto salpicado por ningún escándalo desde que las páginas de la prensa del corazón dejaran de lado la idoneidad de Letizia como esposa, Felipe de Borbón ha demostrado en el último año una preparación que le ha valido muchos adeptos. En este sentido, cualquiera podrá recordar su actuación en la elección de la sede de los Juegos Olímpicos de 2020, en la cual la rama política de la delegación española hizo el ridículo -empezando por Ana Botella- mientras que el príncipe se desenvolvió con soltura en los idiomas requeridos.

Estos sucesos han hecho ganar mucha popularidad al heredero del trono, que a menos que en las próximas horas se produzca un clamor sin precedentes, tomará el relevo de su padre, levantando así en cierta medida las expectativas de los españoles en torno a la Casa Real.

La estabilidad parlamentaria

Muchos medios han apuntado a un factor en el que las últimas elecciones europeas hayan tenido mucho que ver. En estos momentos, el parlamento está controlado por el PP, partido amigo de la Zarzuela, y la oposición la ejerce el PSOE, que ha sido otro aliado desde la Transición.

La irrupción de Podemos en las europeas y el descenso de los dos partidos anteriores pueden haber precipitado este cambio, en la medida en que el cambio en la Jefatura del Estado podría ser mucho más complicado si se diera en un momento en el que el Parlamento estuviera mucho más dividido. Por ahora la Constitución mantiene a la Corona blindada, pero en el momento en que la carta de 1978 se ponga en duda, también podría caer la legitimidad de la monarquía si el Rey de España no es una figura fuerte.

Todos estos factores parecen haber influido en este cambio al timón, aunque queda por ver si no hay más aún que salgan en breve a la luz -como nuevas informaciones del caso Nóos, o noticias de similar efecto-. El futuro sin embargo resulta más incierto. Para hoy se convocan manifestaciones por la Tercera República por gran parte de España, aunque habrá que ver cuál es la afluencia de personas a las mismas.

A nivel jurídico, la instauración de una república exigiría la derogación de la Constitución actual, algo impensable con el Gobierno actual. Mucha gente tendría que salir a las calles -más de la que lo ha hecho hasta ahora- para conseguirlo, y aún así habría que ver cuál es la reacción de Rajoy y compañía, que se abrazarán a la carta magna y a la monarquía como miembros de un mismo destino que son.

Así que solo queda ver si la gente tiene la voluntad de cambiar el hecho de que en breve Felipe de Borbón accederá al trono para ser Felipe VI. Por ahora, todo hace pensar que todo seguirá como hasta ahora. Pero las sorpresas existen.

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