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La segunda vuelta de las elecciones presidenciales dan el claro mensaje de que la mayoría quiere poner fin al conflicto.

Colombia celebró ayer domingo la segunda vuelta de sus elecciones presidenciales. En ellas se enfrentaban Santos y Zuluaga. Presidente ex-uribista contra candidato uribista. Conservador contra conservador. Proyecto de paz contra valedor de la victoria militar.

Los dos candidatos: Santos y Zuluaga. / Kienyke.

Ese es el resumen más escueto que se puede hacer de lo que ambos representaban en un país en el que el resto queda como secundario: la posibilidad de paz y la prolongación de la guerra. Por supuesto que había más puntos en sus programas, y que sus políticas van más allá del conflicto con las FARC, pero todo era eclipsado. Lo prioritario era la forma de llegar al fin de la situación bélica, estando entonces la disputa en torno a si hacerlo mediante el diálogo o mediante las armas.

Y ganó el diálogo. Santos salió reelegido con un 50,90% de los votos por un 45,04% de su opositor, lo que da el claro mensaje de que una parte considerable de la sociedad colombiana quiere sentarse a la mesa de negociaciones para poner fin a la guerra. Sin embargo, también hay que señalar que la abstención superó el 50%, lo que demuestra que un grueso de la población no participa en este sistema electoral por causas diversas, desde la desconfianza hacia la política nacional que practican los diferentes partidos, de manera similar a como pasa en España, hasta la falta de seguridad en los territorios que controla la guerrilla, según apuntan los uribistas. Asimismo, una fuente de descontento es, con toda seguridad, la poca fuerza de los partidos de izquierdas, que no consiguieron colarse en la segunda vuelta, frente a las opciones conservadoras como Santos o Zuluaga.

Santos celebra la reelección. /ACN

En cualquier caso, estos resultados son un espaldarazo para el proceso de paz que se viene negociando en La Habana y que ha dado lugar a dos ceses de las hostilidades en los momentos de elecciones -lo que da la imagen de que las FARC también quieren negociar, y que las conversaciones por tanto pueden llegar a buen puerto-. Sin embargo, tras la elección Santos ha declarado que “esta no será una paz con impunidad, será una paz justa”, lo que apunta a que los acuerdos de paz llevarán un tiempo y no serán sencillos de alcanzar.

Ahora solo queda esperar y ver cómo evolucionan estas conversaciones. El fin de una guerra que lleva ya más de 50 años viva parece estar más cerca que nunca, pero eso no quita que en cualquier momento el proceso pueda romperse en pedazos. Pero con esta legitimidad renovada, el proceso puede al menos seguir adelante, y Colombia tiene la posibilidad de poner fin al conflicto más antiguo del mundo actual.

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