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Breve crónica de las causas de la humillación que sufrió la canarinha anoche en las semifinales contra Alemania del Mundial de fútbol.

El 1-7 que Alemania endosó ayer a Brasil sorprendió a todo el mundo. Una victoria germana entraba dentro de las quinielas, pero no de esa manera. No humillando a la anfitriona sentenciando el partido en 18 minutos de rodillo teutón.

La debacle fue absoluta, especialmente entre los minutos 23 y 29, durante los cuales los locales recibieron cuatro goles. Y muchos no podían entender lo que estaba pasando. Sin embargo, hay algunas causas que explican la debacle que sufrieron los pupilos de Scolari.

La baja de Thiago Silva

Cuando en el partido de cuartos contra Colombia sacaron la amarilla que suponía que Thiago Silva no jugaría el siguiente partido, muchos comentaristas ya apuntaron que la baja podía ser vital. El central, considerado uno de los mejores del mundo en su posición, es el eje de la defensa brasileña. Un seguro de vida, mucho más sobrio que David Luiz, que tiene cierta predisposición a subir a atacar.

La baja de Neymar era delicada para el equipo, al ser su referente ofensivo. Pero la de Thiago Silva era más dañina en la medida en que el equipo podía hacer aguas desde atrás. Su relevo, Dante, es también un central de garantías. Pero no el mejor en su puesto. Y el equipo lo acusó, no solo por las prestaciones que ofreció, sino también por la sensación de inseguridad de no tener detrás suya la salvaguarda que ofrece uno de los mejores centrales del momento.

La moral

El equipo brasileño ya había dado muestras de tener problemas con la gestión de la presión. Contra Chile los jugadores acabaron desquiciados, y entre ese partido y el de Colombia tuvieron que trabajar con una psicóloga para mejorar esa faceta. Jugar en casa, con la exigencia que eso supone, ha sido un peso que la mayoría de los jugadores no han llevado bien. Y no disponer de dos hombres clave como Neymar y Thiago Silva tampoco ayudaba a rebajarla.

Contra Chile, muchos de los jugadores lloraron antes de los penaltis.

El hundimiento de Brasil contra Alemania tuvo un claro componente moral. Hasta el primer gol, los locales disputaron el partido con seriedad, aunque sufriendo por la presión alemana. Después de que Müller abriera la lata, la canarinha se resintió un poco, pero siguió tratando de jugar. Pero tras el segundo gol, el derrumbe fue absoluto y los jugadores dejaron de defender correctamente, presas del pánico. Jugaban en desbandada. Hasta casi diez minutos más tarde, que se reorganizaron un poco y pudieron aguantar el marcador hasta el descanso.

La presión alemana

Brasil adolece de un centro del campo especialmente creativo capaz de salir de una presión con el balón jugado. Scolari viene optando por utilizar dos mediocentros con buenas aptitudes defensivas, y Löw, consciente de esta realidad, organizó una presión que no dejó sacar el balón a sus rivales. Un 10 para el seleccionador alemán, que desarmó a su oponente, y para los centrocampistas alemanes, que dieron una clase de esfuerzo y trabajo en una primera parte impecable.

El esquema

En menor medida, la filosofía de juego de Scolari añadió presión sobre los jugadores. El juego que viene practicando con él la canarinha es un juego rocoso, con poco potencial ofensivo. La consistencia defensiva es esencial, y los goles llegan de manera prudente.

El segundo gol desarboló al equipo local.

Este sistema tan conservador hace que encajar un gol sea si no una tragedia, un gran impedimento. Al jugar a no encajar, un tanto en contra era signo de que se acercaba una derrota, lo que no ayuda a aliviar la presión de los jugadores ante una situación adversa. No es que el sistema de Brasil en este Mundial sea el indebido, pero con él resulta complicado dar la vuelta a los partidos cuando el escenario es desfavorable.

En definitiva, el desastre brasileño tuvo muchas razones y ninguna en particular. Entre todos la mataron y ella sola se murió, que reza el refrán español. Y entre los certeros alemanes y los erráticos brasileños, la canarinha se murió. Al menos por este Mundial. Aunque aún le queda luchar por la honrilla del tercer puesto. Y quizás contra su máximo rival, Argentina, que puede hacer más grande aún la herida. Quién sabe.

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