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El Partido Socialista Francés está virando paulatinamente hacia el centro derecha, al igual que en España lo hace el PSOE.

El País publica hoy una entrevista con Manuel Valls, primer ministro francés y previo titular de Interior, titulada con la siguiente declaración del hispanofrancés: “La izquierda puede morir si no se reinventa y renuncia al progreso”. Una frase que muestra decisión y que puede sonar bien con palabras como reinventarse y progreso. Pero, ¿cómo se reinventan los socialistas galos?

Pues de la misma manera que sus compañeros españoles: asumiendo el sistema financiero actual como necesario y girando hacia el centro-derecha. Muestra de ello es que el dirigente francés propone entre sus reformas dar facilidades a las empresas, algo que sería más que positivo de no ser porque según parece ser los asalariados no tendrán tantas. Es más, probablemente una de esas facilidades sea una regulación del despido más libre, como ya hicieron en España tanto PP como PSOE.

Manuel Valls. /TF1

Manuel Valls. /TF1

El discurso de Valls estaría muy bien de no ser porque se olvida de algo muy importante: la gente. Al igual que gran parte de los socialdemócratas de toda Europa, la economía ha penetrado en su discurso para acabar hablando de balances desequilibrados pero no de personas necesitadas. Porque lo importante para ellos ha pasado a ser el capital, tanto individual como nacional, y no que el pueblo francés pueda disfrutarlo de manera más o menos igualitaria. Lo que apunta también hacia el cambio que también se ha producido en su concepción del progreso: la necesidad de un progreso social que lleve a un estado del bienestar ha sido sustituida por la de progreso económico, en la que reinan las cifras macroeconómicas, que deben estar en un auge constante.

El socialismo ya no es lo que antaño. Al menos el de las siglas de los partidos políticos. El nuevo socialismo es una versión descafeinada del antiguo, un producto apto para élites económicas. Y para nuevos perfiles de votantes, como muestra el controvertido camino que ha llevado al político hispanofrancés a su puesto actual.

Valls saltó a la fama como ministro de Interior. Y no por su benevolencia, sino por todo lo contrario. Especialmente con el pueblo gitano, con el cual se mostró muy hostil, llegando a deportar a miles de ellos a Rumanía o Bulgaria -a pesar de pertenecer al espacio Schengen, por lo que deberían tener libertad de movimiento por gran parte de Europa-. Sin embargo su autoritaria forma de actuar le ha llevado a los grandes despachos en lugar de sacarle de la carrera política, como a priori podría uno suponer al estar hablando de un partido “de izquierdas” -y que por tanto debería estar a favor de la integración-.

El socialismo ya no es una doctrina que busca el bienestar de todas las capas populares, sino que persigue la estabilidad y el mantenimiento del status quo. Con el paso de los años el carácter revolucionario se ha ido desgastando y ha sido sustituido por la convivencia con el poder económico. Al igual que Margaret Thatcher señaló como su mayor logro el “New Labour”, que es que los laboristas “comprendieran” que el liberalismo era la única opción, en el resto de Europa los partidos socialdemócratas han ido siguiendo una senda similar a la de sus compañeros británicos, auspiciada también por la alianza mercantil llamada Unión Europea. Y el resultado de esa deriva ha sido una crisis de identidad entre los votantes y un fortalecimiento del sistema financiero global.

Blair y Thatcher, rivales amistosos. /Telegraph

El nuevo socialismo es de todo menos socialista. El marxismo hace mucho que se perdió por el camino, tanto en España como en Francia y el resto de Europa, y los dirigentes de los diferentes partidos se han acomodado desde hace tiempo entre las élites. Y ante los tiempos de crisis, cuando más difícil es conseguir la unión y la comprensión, han optado por la fuerza y la exclusión en lugar de la pedagogía y la inclusión. Así es el nuevo socialismo, aquel al que la única reminiscencia social que conserva está en las siglas.

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Un pensamiento en “El nuevo socialismo

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