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El virus del ébola parece consternar al mundo, pero solo los afectados con pasaporte europeo reciben una ayuda en condiciones.

Desde el primer brote de ébola periódicos e informativos han recogido el avance de la enfermedad. Todo el mundo se ha horrorizado por el número de muertes que produce y la evolución de la epidemia roza la obsesión. Sin embargo, a la hora de actuar ante esta catástrofe, los esfuerzos no son los mismos para todos los afectados -ni muchísimo menos-, siendo de vital importancia la nacionalidad de cada uno de ellos.

Tras la repatriación del difunto padre Pajares, Reino Unido saca ahora de Sierra Leona a un enfermero afectado por el virus. Al margen de lo adecuados que puedan ser estos procedimientos, suponen un esfuerzo loable en ambos casos. Un esfuerzo ensombrecido por la triste comparación con la suerte que corren los locales, que se encuentran con una ayuda pobre para el tratamiento del ébola en los distintos países africanos.

Casos de ébola hasta el pasado mes de abril.

No es ninguna revelación que el lugar de nacimiento de una persona determina irremediablemente las opciones que esta tendrá en la vida, así como su posible acceso a unas condiciones vitales dignas. Pero resulta sangrante ver a los gobiernos europeos afrontar un fuerte gasto para salvar a un compatriota mientras apenas se preocupan por los miles de africanos que enferman y mueren a su lado.

Tampoco significa esto que haya que dejar a su suerte a los “afortunados” que sí gozan de esa atención. Todo lo contrario, y más aún teniendo en cuenta que la mayoría de ellos son cooperantes o personas que están en estos países realizando una labor humanitaria. Pero sí que habría que sacudirse un poco la hipocresía que empuja a pensar que las enfermedades son una parte consustancial del continente africano.

Epidemias de ébola en África.

Epidemias de ébola en África.

La población de los diferentes países de África tiene tanto derecho a vivir como la de cualquier otro lugar del mundo. Pensar que nacer allí es estar predestinado a morir de manera prematura es un acto de xenofobia, especialmente si se acepta esta “realidad” y se toma como algo que es y debe ser así. Y qué decir de un entramado internacional que se llena la boca con los derechos humanos pero deja de lado a millones de personas en estas condiciones sin destinar ni la enésima parte que dedica por ejemplo a mantener en pie su sistema financiero o a proteger sus fronteras.

Sin embargo, esos miles de vidas no interesan a nadie. Puede que importen a nivel informativo -aunque más por un posible contagio que llegase a Europa que por otra razón-, pero no a un nivel humanitario que desencadenase una acción en su ayuda. De esta manera, los sierraleoneses, congoleños y guineanos entre otros mueren no solo por la enfermedad, sino también por su nacionalidad. Por pertenecer a una población que no importa al resto, o al menos no lo suficiente. Por ser prescindibles para la comunidad internacional.

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