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El Partido Socialista Francés asegura el cumplimiento de las directrices de Bruselas con su nuevo y joven ministro de Economía.

Keynes debe estar revolviéndose en su tumba. Era de esperar que la izquierda más revolucionaria pusiera en tela de juicio las recetas anticrisis del economista británico ya que estas no dejan de fomentar una sociedad capitalista y consumista. Pero lo sorprendente es como los socialistas europeos, aquellos que históricamente han estado más cerca de los postulados keynesianos, le dan la espalda con más rotundidad cada vez.

Hoy salta a la palestra que François Hollande ha dado la cartera de Economía a un joven exbanquero que ha sido además uno de los “padres” de los recortes franceses. Un cambio obligado por las disensiones dentro del partido por las directrices económicas de Bruselas. Un problema de fácil solución: solo ha sido necesario sacar a los ministros críticos -entre ellos Montebourg, hasta ahora titular de Economía- y colocar en sus puestos a personas afines que aseguren la búsqueda de los mismos objetivos. Todo un ejemplo de democracia y de consenso social en el seno del PSF.

Macron, nuevo ministro de Economía francés. /France 3

Macron, nuevo ministro de Economía francés. /France 3

Vale que Bruselas pueda imponer una serie de recortes en los diferentes países de la Unión. Vale que muchos gobiernos tengan poco margen de maniobra en ese sentido dado que la mayoría de estados de la Unión están presididos por partidos conservadores -y entre ellos, la poderosa Alemania- y los tratados internacionales no pueden incumplirse así como así. Pero la eficiencia con que los socialistas franceses -de manera no muy diferente a como hacían los españoles hace unos años- buscan la aplicación de las directrices europeas muestra un alto grado de complicidad con estas medidas neoliberales, contrarias tradicionalmente a los verdaderos postulados socialistas.

De esta manera el PSF continúa su viraje hacia el neoliberalismo, algo a lo que apunta desde hace tiempo. A pesar de que Manuel Valls pueda decir que los recortes no vayan a afectar a la educación, el gasto social se está resintiendo de estas políticas “de austeridad”. El resultado de ello, al igual que en el resto de países donde se han aplicado este tipo de medidas, es que el paro no deja de aumentar y la crisis se sigue alargando. Pero en el gobierno francés no piensan ni cambiar la hoja de ruta ni cuestionar a quienes la han diseñado, a pesar de que el FMI admitiera que los recortes eran un error.

Y así se va a pique la izquierda moderada francesa, confundiéndose cada vez más con los conservadores galos. Porque los socialistas hace tiempo que no ofrecen soluciones diferentes, sino tan solo ligeras variaciones de la misma solución que proponen sus adversarios políticos, recortando en unas parcelas en lugar de otras. Y ante tal clima de servilismo internacional no es de extrañar que muchos de los votantes que reclaman recetas distintas acaben donde las encuentran, aunque sea en el Frente Nacional de Le Pen.

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