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Kailas Satyarthi y Malala Yousafzai reciben el Nobel de la Paz 2014 mientras multitud de activistas occidentales no disponen de ninguna posibilidad.

El Nobel de la Paz de 2014 ya tiene ganadores. Kailas Satyarthi y Malala Yousafzai son los galardonados, aunque es la segunda quien está acaparando las portadas. Ambos han visto reconocida de esta manera su dura labor en la lucha de los derechos civiles de niños y mujeres respectivamente, dando al mismo tiempo un espaldarazo mediático a sus causas. Sin embargo, esta elección se antoja fácil frente a otras posibilidades, sin querer quitar importancia al trabajo de estos dos activistas y sobre todo a lo cerca que ha estado de la muerte la joven paquistaní por su labor.

La joven paquistaní ya ha recibido otros galardones.

Por un lado, ambos provienen de y desempeñan su labor en puntos lejanos del epicentro político que respalda este reconocimiento, lo que reduce la carga políticamente simbólica que tiene el premio. Al señalar a figuras en puntos geográficos lejanos se alimenta la idea del tercer mundo en el que hay que trabajar para mejorar sus condiciones de vida al tiempo que se obvia la existencia de necesidades de igual importancia en lugares más cercanos -como el sur de Europa- y las responsabilidades políticas que estas necesidades en el “primer mundo” implican.

Por otro lado, también estas dos figuras defienden un modelo social que puede resultar complaciente para los planes occidentales. La pequeña Yousafzai lucha contra la discriminación de los talibanes, el gran enemigo de Estados Unidos desde comienzos de siglo, mientras Satyarthi trata de sacar a los niños indios de las fábricas de una de las potencias económicas emergentes para meterlos en las escuelas. Grandes ejemplos de esfuerzo por tanto estrictamente dentro de la lógica de los gobiernos estadounidense y europeos principalmente.

Mucho más complicado sería en cambio designar como galardonado a alguien más cercano y cuya lucha pusiera en entredicho el modelo social europeo o estadounidense. En el contexto de la crisis económica han surgido cientos de organizaciones que se han sumado a las que ya existían en la lucha contra la pobreza no en el lejano tercer mundo sino en las inmediaciones del primer mundo. La PAH, cooperativas de crédito, comedores sociales y un largo etcétera han luchado día a día por promover una sociedad más justa e igualitaria no en un punto perdido de la geografía, sino en las calles de sus propios países. Algunas de ellas solo quieren paliar una angustiosa situación, pero otras proponen y promueven una transformación social para eliminar esas injusticias, desafiando al sistema imperante de una manera que en algunos casos puede resultar comparable a la de los galardonados.

Sin embargo ninguno de ellos pensarán siquiera en la posibilidad de recibir un Nobel de la Paz. Porque su trabajo es mucho más inmediato y pone en entredicho las prácticas de los poderes nacionales e internacionales, sean políticos o económicos.

Colectivos como la PAH nunca recibirán un Nobel. / eldiario.es

Por tanto, cabe elogiar a Yousafzai y a Satyarthi por el reconocimiento a su labor -y expresar alivio por que el premio no haya ido a parar a un actor político como Obama o la UE-, pero sin olvidar que hay centenares de organizaciones que merecen igualmente este premio y nunca se permitirán soñar con ser nominados. Porque ellos trabajan con la pobreza que produce el sistema socioeconómico del capitalismo actual de los mismos países de quienes eligen al ganador, y no con la de algún otro modelo político al que no importe retratar.

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